-Aquí tendría que estar escribiendo yo.

Él pasa de los treinta y las páginas de cultura del diario Levante con desgana excitada. Una mujer que debe ser su madre y de la que sólo veo la espalda de una chaqueta de vestir erguida sigue en posición callada: salvo para hacer el ademán de pagar.

-No, no: con esto estamos en paz, tú me has pagado los pantalones.

Esto fue antes de ayer.

Savitry

Savitry

Entonces, P. les había servido la cuenta, como siempre. Como siempre, con su camiseta negra militante, su alborotada cabeza y ese mentón, más que barbudo, sucio de pelos, en otros barrios de la rive droite del viejo Turia llamados -quizá- “casual”.

Ayer, en cambio, aunque P. sigue sirviendo, con la misma edad que el periodista frustrado y con la misma camiseta negra militante, se ha rasurado la cabeza. Excepto el mentón, en el que hay una barba ya propiamente dicha y larga, y se ha agujereado una oreja con un aro negro. Justo hace un año que tuvo que cerrar la librería, apenas uno pasos más hacia el mercado del Cabanyal, menos cerca de la playa.

-¿Tú tienes madre? – le he preguntado cuando me ha venido a servir.

Y ya no os cuento qué me ha contestado, porque en ese momento Sam Cooke ha empezado a cantar A change gonna come y me ha gustado dejar de escribir y hacer como que cruzaba, o mejor, remontaba, la rive droite, y, hasta, gracias, mamá por pagarme los pantalones, que subiendo desnuda se coge frío.