Sigo con esto de la tesis. Creo.

De vez en cuando, visito a mi abuela y entonces es pasto de mis métodos de investigación. Y acabo yo siendo pasto suyo. Como tiene que ser.

Imagen

Mi abuela, en su modo “gato”, haciendo la siesta en una obra de arte.
[Visita a Santa Sofía (Estambul), 12 de julio de 2012]

Leer el resto de esta entrada »

Anuncios

Trabajé en Ràdio 9 de 2004 a 2006. Allí fue redactora, locutora, editora, productora y hasta traductora. La mayor parte del tiempo dormía, como mucho, cinco horas diarias por formar parte del equipo del magacín matinal.  Mi jornada era tan intensiva que volaba sobre las horas: no las sentía pasar. Sólo veinte minutos exactos de descanso, sacrosant entrepà de tonyina i olives [sacrosanto bocadillo de atún y aceitunas].

El nepotismo y el clientelismo en la elección de directivos; la incompetencia manifiesta de muchos compañeros; el despido de otros tantos, magníficos profesionales en ciernes de mi generación que vieron sesgada la vocación;  la nefasta y burda manipulación política; el sueño que arrastraba a diario… Todo ello lo compensaban mis ganas de aprender e integridad moral. Pero, por encima de todo, un puñado de periodistas, maestros agudos, lúcidos y honestos con los que compartía una mirada satírica a la realidad y risas. Muchas. Risas que eran purgas, y, a la vez lecciones, entre micro y aceituna.

Hoy esos maestros, gente como Albert Vicent, Jaume Muñoz o Vicent Mifsud, tienen que empuñar megáfonos porque no pueden hacer su trabajo.

Leer el resto de esta entrada »

En la consulta a los trabajadores de TVE sobre su nuevo director de informativos, sólo han votado 472 de 1607. Los trabajadores o pasan o no pasan pero tienen miedo. Esta conclusión, lo sé, está hecha a sabiendas para llamar la atención y parte de una premisa que puede ser equivocada. Ésta: la participación en el referéndum sobre un profesional de independencia cuestionada por los hechos – como una tesis de máster sobre la estrategia que debía seguir el PP para ganar las elecciones de 2008 – era una obligación moral de un periodista porque está en juego su independencia. Luego, aquel que no vota no valora su independencia. Luego, aquel que no vota, no es periodista.Imagen

La deducción de esta premisa (que, repito, es ideológica, sí, o, mejor dicho, normativa, axiológica, de filosofía de los valores: porque no es arbitraria, está basada en la deontología periodística) es sólo especulación si no profundizamos en el significado que esconden los porcentajes.

Leer el resto de esta entrada »

El distinguido profesor de Historia Contemporánea en la facultad de Periodismo habló ese día a los alumnos de los Parlamentos en el Antiguo Régimen.  Siempre le gustaba acompañar las explicaciones de algún dilema moral…

-Pensad en que sus miembros lo eran de los “estamentos” privilegiados. Por eso no recibían un salario. El sistema político del llamado “Antiguo Régimen” estaba basado en esta desigualdad económica y social, que de alguna manera les exigía una cierta responsabilidad moral sobre los no privilegiados. ¿Imagináis que nuestros Parlamentos volvieran a este modelo?

Llegó el descanso, salió de clase, caminó hacia su cafetería habitual, pidió un cortado, abrió el iPad en el mismo momento en que, desde otro lugar, Movistar ordenaba en su cuenta el cargo mensual por su conexión a internet y se conectó al Huffington Post, ese parnaso de desinteresadas firmas ilustradoras de prestigio.

– Por fin buena prensa – se le oyó decir al distinguido profesor.

El camarero virtió el café ardiendo sobre su pantalón.

-¿Pero qué? – exclamó el distinguido profesor, subiendo la mirada… -Vaya, López, ¿cómo está? Ya hace más de tres años que no sé de usted, desde que acabó la… -dijo el distinguido profesor, bajando cada vez más el volumen de su voz.

– Bien… gracias, profesor.

[Moraleja: Bienvenidos al modernísimo Antiguo Régimen de la Comunicación ]

-Profesor, si esto es así, ¿entonces por qué no…?
-¡Pero esa pregunta es muy inteligente!
-No es mía. Es de A. -mi compañera de pupitre me había confesado que no se atrevía a hacerla.
-Esa respuesta es brillante- me contestó mi profesor de griego, Gabriel.

A mí la escuela pública no me garantizó un trabajo. Me sacó del corto horizontito de mi casa y me enseñó a convivir. Ésa es la lección: aprender es algo más que producir. Si entendemos ese principio, entonces, se abren muchas puertas. Por ejemplo, podremos solidarizarnos con los que hoy se movilizan porque su causa será la nuestra. Pero también, por ejemplo, podremos crear cosas (como trabajos) que aún no existen, porque aprenderemos a imaginar mundos que aún no existen. Cuando ahora la angustia me acongoja como investigadora, también en la Pública, me acuerdo de todos mis compañer@s, l@s que se levantan cada día con la vocación despeinada, y se la tienen que peinar con palabras como las de Peter Handke: “No puedo permitirme pensar que lo que yo hago no tiene sentido “. Y sobre todo me acuerdo de Gabriel.

Buenos días y feliz lucha a profes y alumnos. O sea, feliz lucha a todos.

Supe que tenía tema cuando mi procesador de textos se empeñó ayer (como hoy) en escribir gobernanta y no gobernanza. Gobernanta: mujer encargada de la administración de una casa o del servicio de un piso en los grandes hoteles. Mujer que corta el bacalao, vamos. Mi procesador de textos no andaba, finalmente, equivocado: en ciertos círculos, desde hace no demasiado, el gobierno es mujer. No ya sólo de un hotel o de una casa, sino del mundo.  Y quizá eso no guste a la RAE, pero también ella y las palabras que custodia han tenido que comerse la tan en boga gobernanza, que de neologismo realmente tiene poco: no es sino un vocablo desempolvado del francés y el castellano del siglo XVI. De eso va mi tesis. O quizá no. Leer el resto de esta entrada »

Annie Lennox es una mujer sólida. Me encanta cómo empieza Maruxa Ruiz del Árbol la semblanza de la gran escocesa de voz portentosa. Ella mira y ve donde los demás sólo confirman sus prejuicios, como le he comentado a mi gran amiga Lidia, la que ha evitado que se me pasara este artículo. Pero por eso mismo sólo podría ser sólida de a ratos: los -ismos son bonitos porque son tranquilizadores. Gordos… sólidos. Pero Annie sabe que son líquidos y mentirosos. Que no, leñe, que feminismo no es lo contrario que machismo. Y que feminismos, así, en plural, hay muchos. Esto lo postergo un poquete ahora, como un buen orgasmo. Porque lo que me interesa destacar es su reflexión sobre lo que en el anterior post yo llamé las HOMBRAS

Leer el resto de esta entrada »