No estoy viendo The Wire. Esto viviendo The Wire.

La serie es mi última educadora sentimental (y moral, que tanto monta).  Desde aquí, un saludo a todos los que me animaron a  no postergarla más tras haber visto (y sobre todo, escuchado) Tremé. Qué queréis, me daba miedo, mucho, ver la primera serie de un hombre, David Simon, periodista, que decía que sus referentes eran la tragedia y la mitología griegas, que amaba a Dickens y Tom Waits y que consideraba “mágica” a Muerte entre las flores. Vaya, era yo con polla. Y algo así da miedo. Doy miedo sin, ¡imagina con!

Freamon se despiporra con el último chiste de McNulty ¡! (mono-blog.com)

Ea, pues eso: no estoy viendo, estoy viviendo, y yaciendo, y refocilándome con The Wire.

Si hoy me he animado a  escribir algo sobre ella es porque hoy ha llegado el clímax de la identificación.

Justo cuando una está más tentada de convertirse en el (casi) irresistible McNulty (crisis obliga): ser el mejor en el trabajo, pero olvidándose de la instituciones y de lo que significan para el hombre; es decir,  ir por libre, de acuerdo con unos inflexibles criterios propios… (Fuck the bosses, fuck the chain of command), llega el brillante maestro Lester Freamon (Clarke Peters) y te devuelve el equilibrio con dos frases como látigos…

-You even pretending to speak for anyone other than yourself, McNulty?
-I’m speaking to the job.

Y remata Lester:

-You put fire to everything you touch McNulty, then you walk away while it burns!

Sirva esto de receta para los free-riders. Yippi ka yey. O, como diría mi amiga B.: la libertad está sobrevalorada.

PD: Recomiendo mucho la lectura de otro descubrimiento: Iñaki Martínez de Albéniz, profesor de sociología en la Universidad del País Vasco. Mucho se ha escrito ya sobre The Wire. Pero creo que ninguno lo ha hecho con el andamiaje teórico y la escritura fluida de este hombre en De anatomía de Grey a The Wire. Allí compara a Tremé con una placenta, y a The Wire con un sistema experto. Vaya, si os animáis a leerlo, ya lo notaréis: la teoría sirve. Al fin y al cabo, no es más que una buena digestión de la experiencia -comes, metabolizas, y lo que cagas te permite volver a comer más y mejor.

Pero la mayoría, ay, necesitamos Almax.

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