-Profesor, si esto es así, ¿entonces por qué no…?
-¡Pero esa pregunta es muy inteligente!
-No es mía. Es de A. -mi compañera de pupitre me había confesado que no se atrevía a hacerla.
-Esa respuesta es brillante- me contestó mi profesor de griego, Gabriel.

A mí la escuela pública no me garantizó un trabajo. Me sacó del corto horizontito de mi casa y me enseñó a convivir. Ésa es la lección: aprender es algo más que producir. Si entendemos ese principio, entonces, se abren muchas puertas. Por ejemplo, podremos solidarizarnos con los que hoy se movilizan porque su causa será la nuestra. Pero también, por ejemplo, podremos crear cosas (como trabajos) que aún no existen, porque aprenderemos a imaginar mundos que aún no existen. Cuando ahora la angustia me acongoja como investigadora, también en la Pública, me acuerdo de todos mis compañer@s, l@s que se levantan cada día con la vocación despeinada, y se la tienen que peinar con palabras como las de Peter Handke: “No puedo permitirme pensar que lo que yo hago no tiene sentido “. Y sobre todo me acuerdo de Gabriel.

Buenos días y feliz lucha a profes y alumnos. O sea, feliz lucha a todos.

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