Annie Lennox es una mujer sólida. Me encanta cómo empieza Maruxa Ruiz del Árbol la semblanza de la gran escocesa de voz portentosa. Ella mira y ve donde los demás sólo confirman sus prejuicios, como le he comentado a mi gran amiga Lidia, la que ha evitado que se me pasara este artículo. Pero por eso mismo sólo podría ser sólida de a ratos: los -ismos son bonitos porque son tranquilizadores. Gordos… sólidos. Pero Annie sabe que son líquidos y mentirosos. Que no, leñe, que feminismo no es lo contrario que machismo. Y que feminismos, así, en plural, hay muchos. Esto lo postergo un poquete ahora, como un buen orgasmo. Porque lo que me interesa destacar es su reflexión sobre lo que en el anterior post yo llamé las HOMBRAS

En los últimos tiempos su estética en el escenario suele ser sencilla: una camiseta y unos vaqueros. ¿Cuál es su opinión sobre el éxito de cantantes como Rihanna o Katy Perry que se suben al escenario ligeras de ropa? “La exhibición de nuestra sexualidad forma parte de nuestra naturaleza, pero creo que cuando se convierte en un cliché y es la única cosa que se utiliza para atraer la atención se vuelve algo demasiado reduccionista. Rihanna es una mujer joven que ha sido víctima de violencia doméstica y se podría convertir en una tremenda portavoz de este problema, pero es su elección. Es ella y nadie más quien ha de tomar esa decisión. Si lo hiciera sería un gesto jodidamente poderoso pero cada mujer lidia con ello a su propio modo

Ese cliché del que habla Annie es la razón por la que ninguna persona a este lado del Volga puede decir seriamente que no es feminista. La igualdad legal existe. La efectiva igualdad política y cultural, lo dudo mucho. Por cosas como las que escribí ayer. ¿Tú crees que estas dos últimas deberían existir? Con la respuesta a esta pregunta averiguarás cuál es tu feminismo. El mío es el de Annie. O lo que es lo mismo: no me importa que Rihanna salga desnuda las veces que quiera, y no se lo voy a impedir. Sí me preocupa, que ella lo haga, pero que, en cambio, no salgan más veces desnudos en posturas humillantes ni Robbie Williams ni el cantante de Maroon Five, cuerpo portentoso al que he descubierto hace poco. Siempre andamos señalando a la mujer musulmana embozada contra su voluntad. Pero casi nunca a la mujer secular desnuda hasta la hartura porque de algo hay que comer. ¡Yo la señalo! Tengo amigos que dirían (y de hecho, ya me han dicho): “¡Es su elección, hay igualdad legal!” Yo les hago tres preguntas: “¿Se lo has preguntado?”, “¿Comer es una elección?¿Por qué en esta sociedad nuestra de lo que una se destapa, más que de lo que uno se destapa, se come?”

Que no, que feminismo no es lo contrario que machismo. Y que feminismos, así, en plural, hay muchos. Historiadoras agudas como Isabel Morant, en la universidad de Valencia, o Cristina Borderías, en la de Barcelona, me han enseñado eso, y me encantaría que su trabajo empezara a permear de una vez los discursos de los medios de comunicación. Como no lo hace, mientras tanto me encanta que sea la sólida Annie la que abra la boca y se haga preguntas y se vuelva un poco menos sólida. Y ahora, ¡venga ese orgasmo!

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