[A propósito del reciente artículo sobre lenguaje y género de un académico de la Real Academia Española]

Cambia, todo cambia. Y el castellano, que es una lengua que se habla además de un señor de Castilla, también. Pero sobre todo tendremos que CAMBIAR NOSOTRAS, que todavía somos un poco HOMBRAS. Desde la cantinela de la ABUELA (“no te ACUESTES con él ya, que si no ya no lo CAZAS…”) hasta la de la SOBRINA o NIETA adolescente (“tengo que estar SEXY PARA ÉL”). Desde el “ACEPTO el trabajo en negro o a media jornada porque así me puedo ocupar yo del NIÑO y la CASA” hasta el “yo agoto toda mi BAJA MATERNAL, que él cobra más”. Desde el “Qué PAYASA ELLA” hasta el “pero QUÉ GRACIOSO ÉL”…

ACEPTA mientras te sea indispensable para la supervivencia. Pero MIENTRAS VIVES, que no te queda otra (¿o sí?), con su venia, relee en clave de género la distinción entre USO PRIVADO y USO PÚBLICO de la RAZÓN de Kant

…ese señor prusiano que hablaba oscuro (-perdóneme, RAE: aquí tendría que venir un adverbio, al menos en el castellano de España. Pero es que estoy creando, ¿sabe?. ¿Cómo dice? Ah, vale, que a esto le podemos llamar “licencia poética”…). Que hablaba oscuro, Kant, digo -tanto que algún inglés tenía que comer opio para creer que lo entendía -aunque iluminara: por eso, TRABAJA INVISIBLE o TRABAJA MENOS fuera de casa, pero DENUNCIA el ABUSO de la economía sumergida y la media jornada. Y si la supervivencia y el miedo te impiden hacerlo sola, ¡hazlo con más!. COBRA MENOS, pero LUCHA contra las diferencias salariales basadas sólo en el SEXO. AMAMANTA cuanto quieras, pero EXIGE la posibilidad de la IGUALDAD LEGAL en la baja por PATERNIDAD. PONTE GUAPA, pero también DÉJATE FEA cuando te apetezca, o pídele a él que también se PONGA GUAPO. SÉ LEONA de tu guarida, pero deja tu CASA hecha una LEONERA cuando gustes. RÍETE y HAZ REÍR sin avergonzarte. Y, por Dios, ACUÉSTATE con quien quieras, cuando quieras y como quieras. Y sobre todo PORQUE SÍ. Además, para salir “de caza”, que dirían tu abuela y la mía, ya están ellos, ¿no? ;P

Un ser humano puede postergar la ilustración en lo que respecta a su persona, e incluso sólo por algún tiempo, en lo que tiene la obligación de saber; pero hacerlo por renuncia, sea con respecto a su persona, pero mucho más con respecto a su descendencia, significa lesionar los sagrados derechos de la humanidad y pisotearlos

(Immanuel Kant, Respuesta a la pregunta Qué es la Ilustración, 1783)

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