Una reflexión sobre el cambio hacia un periodismo digno, creíble y responsable.

Parte de mi aportación principal a la asamblea de Periodismo Ético Ya!* del 25 de mayo a las 21h en Ópera (Madrid). Es el primero de tres puntos. Los otros dos se omiten porque hacían referencia a cuestiones organizativas y a la escisión de otro grupo de objetivo similar. No aparecen en el manifiesto fundacional, aunque es cierto que el manifiesto era eso, un documento inicial.

Yo las mantengo. Porque creo que el cambio en el periodismo o es a largo plazo y se hace con y desde la sociedad o no será. Y eso implica trabajo a diario.

I) Sobre el cómo y la magnitud del cambio.

A través de la organización de la profesión periodística. Sí, pero ya existen mecanismos. Estoy de acuerdo con la compañera que en la asamblea del pasado lunes 23 hizo esta afirmación. Se trata de sindicatos propios y sus federaciones (como la FeSP), Colegios profesionales o las secciones de los sindicatos generalistas existentes.

De lo anterior se deduce que: hay que analizar por qué esos mismos mecanismos no funcionan. Por qué hay baja colegiación, baja sindicación, poca unión y trabajo en red entre (1) diferentes organizaciones profesionales y (2) diferentes ciudades.

Me atrevo a decir que la extendida precariedad en el trabajo es uno de los principales factores de desmovilización de la profesión, más allá de la falta de voluntad y compromiso individual: los bajos sueldos desincentivan el pago de cuotas y las largas jornadas laborales y el pluriempleo agotan y restan tiempo.

Pero: hay que entender de dónde viene esa precariedad para saber cómo combatirla. Y aquí es donde creo que los periodistas se equivocan. Tanto en sus objetivos como en su tempo.

Se pide la creación de convenios colectivos inexistentes, una inspección de trabajo que actúe y sea eficaz, valiente, independiente y con recursos suficientes para ello. También la regeneración ética y política de las empresas de medios a través del desarrollo de la Responsabilidad Social Corporativa. Todo ello es necesario. Pero, a mi entender, no es suficiente.

Porque la precariedad no es sólo el resultado de las decisiones de un empresario o un grupo de empresas, ni de la dejación de funciones de la administración de un país. Es también consecuencia de cómo funciona el mercado de trabajo de los profesionales de la comunicación. Además, mientras los periodistas carezcan de legitimidad y apoyo social, me temo que eso será así.

De momento, identifico dos grandes tendencias:

-existe un desequilibrio brutal entre la oferta y la demanda de trabajo de los periodistas (y de otros comunicadores). Salen bastante más licenciados, graduados y diplomados especialistas de las universidades y escuelas profesionales de los que el mercado de trabajo puede absorber.

-la irrupción y generalización de las tecnologías 2.0 cuestiona el trabajo de intermediario del periodista.

Es necesario aceptar que somos muchos y además no estamos bien formados. Que necesitamos aportar un valor añadido y convencer de ello a los que nos contratan. En esto estoy de acuerdo con el profesor e investigador Robert Picard en este artículo del desaparecido SOITU de 2009

La especialización y la reconversión de la profesión hacia el periodismo de investigación puede ser una salida para diferenciarnos de la oferta comunicativa que ya los ciudadanos pueden crear y compartir en las redes. Y ello para mejorar al menos dos cosas: tanto nuestra situación laboral como la legitimidad social del periodismo.

Cierto, necesitamos la complicidad de los que nos emplean. Y eso, está visto, no se consigue sólo con buena voluntad individual en cada redacción. Por eso, ¿qué podemos empezar a hacer desde nuestra limitada posición?

Habría que empezar a sentar las bases para:

1) Poner límites a la proliferación de escuelas y facultades de Comunicación: elegir profesión y ocuparse en lo que uno quiere es un derecho.  Pero eso no puede ser una coartada para la multiplicación de una oferta universitaria que  infla el mercado de trabajo.

Dos problemas encontraremos aquí: la insolidaridad de los propios aspirantes a periodistas, que ante todo pensarán en su derecho individual a la educación libre; y los intereses creados por quienes trabajan en las universidades.

2) Mejorar la formación universitaria. Y si queremos especializarnos, necesitamos formación teórica e histórica. No tanto práctica o tecnológica. Lo repitió Iñaki Gabilondo en abril en la Universitat Autònoma de Barcelona: “las maquinitas no son lo importante”.

Problema: ¿qué alumnos están dispuestos a ello? En la propia asamblea del lunes, hay quien alzó la voz para quejarse de que la formación práctica que demanda el mercado no la da la universidad. Y yo contesto: la formación práctica te conviete en uno más, para ti y para tu empresa. Eso hace que no haya razón para subirte el sueldo. Te convierte en un trabajador rápido, aunque no necesariamente creativo ni eficiente. Para ello son otras habilidades las que hay que aprender y cultivar.

Por lo tanto, mi propuesta concreta es: construir una red y un grupo de trabajo a largo plazo con representantes de las facultades de Comunicación de Madrid y otras ciudades, así como con los Colegios, asociaciones y sindicatos que llevan AÑOS trabajando. Una Plataforma estable, en definitiva.

Mi propuesta, no, tampoco está exenta de… ¡sí, problemas!: la dificultad de encontrar tiempo y hacer compatible el compromiso y la movilización con la agenda personal y profesional. La precarización de la propia universidad y la crisis económica que atravesamos. Mañana mismo hay una concentración de profesores e investigadores en la Pl. de Sant Jaume de Barcelona.

Sin embargo, reconocer esos problemas permite buscar soluciones, o al menos, alternativas para sobrellevarlos.

En resumen: hay que ir a la base de todo para buscar un cambio a largo plazo. La base es la buena formación y el criterio de servicio público a la hora de regular los estudios universitarios. Dificultades: cómo decides y acuerdas qué es y qué no es una buena formación, cómo se lo haces ver a los partidos que no son capaces de llegar a aprobar un Pacto de Estado por la Educación y cómo controlas que sea el servicio púbico el que regula la formación. Aquí, el compromiso serio y desinteresado de la Universidad es inestimable.

Sólo el aprendizaje nos cambia. Y sólo si cambiamos empezaremos de verdad el cambio.

*Periodismo Ético Ya! nació del movimiento ciudadano cuajado en la manifestación del 15-M y la Acampada de Sol en Madrid. Son un grupo ciudadanos y periodistas comprometidos con la realización efectiva de la independencia, la responsabilidad social y la justicia en el ejercicio de la profesión. Los inicios, sin embargo, no han sido fáciles: han tenido que superar la escisión del pequeño grupo de profesionales que tuvo el primer impulso, organizados en torno a Periodismo Real y limitados a las reivindicaciones laborales. Merche Negro, presente desde el principio en el movimiento, lo explica en su blog.

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