Esto lo escribí la mañana del 23 de noviembre de 2010.

Pequeña comunidad rural en Etiopía. Una niña sola puede ser violada por sus vecinos porque sus padres han salido a trabajar al campo. Solución: un casamiento prematuro. “Hay que tener alma de etnólogo para hacer bien este oficio”, pongamos que ha dicho. No se puede censurar con valores occidentales lo que es un mecanismo de protección, es lo que ha querido decir.

Pero del dicho al hecho hay un trecho. El ex-reportero talludo se ha olvidado pronto del principio de indagación: me planta un estereotipo en toda la frente. Se sorprende de que, parapetada tras mi Mac, señale la obligación de tener cubiertas las necesidades materiales básicas, laborales, de los informadores como requisito para mejorar el periodismo por la vía de la movilización.  Porque la voluntad no lo puede todo. Ha sido hoy en el Col·legi de Periodistes de Catalunya. A la pobre niña la casan contra su voluntad, la chica del Mac sin historia se permite hablar de necesidad.  “Hay que tener alma de etnólogo para hacer bien este oficio”, pongamos que le he dicho. [Con permiso de Kapusczinski y sus licencias literarias]

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